Infobae.com, 31 de mayo de 2012.

Por Claudio Martin*
En el siglo XX, 1 millón de muertes fueron atribuidas al tabaquismo, mientras que para el siglo XXI -si el patrón de consumo de tabaco continúa- se esperan 1.000 millones de muertes.
De las enfermedades pulmonares, las que están especialmente relacionadas con el consumo de tabaco son la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) -que en el 90% de los casos se relaciona con el hábito de fumar y es la cuarta causa mundial de muerte- y el cáncer de pulmón.
Datos revelados recientemente por la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, indican que se estima que el 10% de la población Argentina mayor de 40 años sufre de EPOC, que es la cuarta causa mundial de muerte y el 70 por ciento de quienes la padecen no lo saben.

El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte por cáncer en Estados Unidos y la cuarta causa de muerte por cáncer en Argentina. Es una enfermedad devastadora, tanto para el paciente que la sufre, como así también para su entorno familiar, y una pérdida para la sociedad en su conjunto de personas con años productivos por delante.

Los últimos años hemos asistido a notables avances en su tratamiento, especialmente en la posibilidad de seleccionar terapias personalizadas, que han cambiado ya el curso de la misma, vislumbrándose en el futuro cercano, nuevas opciones terapéuticas que sin dudad impactarán positivamente en los pacientes.
Irónicamente, y a pesar de los enormes esfuerzos y recursos económicos volcados en el diagnóstico y tratamiento, esta enfermedad es uno de los pocos tumores prevenibles. El cáncer de pulmón prácticamente desaparecería con una única medida, simple, efectiva, accesible, y ampliamente disponible para todos los sectores sociales. NO FUMAR.
Cuanto más temprano se inicia el hábito de fumar, y más cantidad de cigarrillos se fuman, mayor es el riego de padecer cáncer de pulmón. Sin embargo dejar de fumar, funciona. Es importante destacar que, cuanto más temprano se deja el hábito tabáquico, el riesgo disminuye en mayor proporción que si el mismo se deja más tardíamente, aunque es importante tener en cuenta dos factores:
• Siempre el riesgo es superior en el que fue fumador versus el que nunca fumó. Por ejemplo si se deja de fumar antes de los 30 años el riesgo baja notablemente pero siempre es algo superior comparado con el no fumador. No engañarse y pensar “dejo antes de los 30, total es lo mismo”.
• Por otro lado el riesgo de enfermarse disminuye, y lo hace rápidamente aún si la persona deja de fumar a edades más avanzadas. Dejar de fumar funciona, a cualquier edad.
Los esfuerzos deben centrase en especial en evitar que los jóvenes se inicien en el habito tabáquico y en implementar políticas de asistencia a los fumadores para que abandonen el cigarrillo. Es cuestión que la sociedad toda se comprometa detrás de estos objetivos.
Dr.  Claudio Martin.
• AAMR
• Medico Oncólogo.
Instituto Alexander Fleming.
• Hospital Maria Ferrer.
• MN 82958.