La dependencia del tabaco: ¿qué es y con qué fármacos se trata?

 

Infobae.com, 31 de mayo de 2012

Por Fernando Verra*

 

Coincidente con los datos previos, nacionales e internacionales, todas las recientes encuestas realizadas en nuestro país demuestran que la mayor parte de los fumadores quieren dejar de fumar y sólo un porcentaje minoritario, cuando el intento es realizado sin un encuadre formal farmacológico-terapéutico, logra el abandono definitivo, y esto en general después de varios intentos previos.

 

Estas encuestas también reflejan que la mayor parte de la población fumadora reconoce la necesidad de una ayuda médica específica para tratar esta dependencia. ¿Es posible pensar que los fracasos en el intento de abandonar el consumo de tabaco sean sólo reflejo de una falta de motivación suficiente o de voluntad como muchos piensan todavía? Definitivamente NO.

 

Estudios efectuados en personas que deberían estar muy motivadas para dejar de fumar, demuestran que más del 50% de los fumadores que sufren un infarto de miocardio, vuelven a fumar en el primer año después del evento coronario. Lo cierto es que el tabaco es capaz de generar una dependencia entre moderada y severa en la mayor parte de los casos comparable a otras drogas como cocaína o heroína.

 

Tampoco es cierta la creencia popular de que el consumo de tabaco es menos perjudicial para la salud que otras drogas. En realidad las estadísticas muestran que el tabaquismo enferma y mata más gente que las otras drogas con el consecuente costo económico que ello conlleva. La verdadera razón de la dificultad para el abandono del consumo de tabaco es una triple dependencia: gestual, física y psíquica.

 

La dependencia gestual surge del hecho del acto repetitivo que es sacar, encender, aspirar, exhalar…. Esto puede ser comprendido rápidamente si se hace una simple cuenta matemática. Cada cigarrillo consumido es llevado a la boca, aspirado y exhalado aproximadamente 10 veces; un fumador de 20 cigarrillos diarios repetirá esta acción 200 veces por día, 6.000 veces al mes, 72.000 veces al año y 720.000 veces si es un fumador de 10 años de evolución. Cualquier persona que repita la misma acción este número de veces tendrá incorporado un acto automático con la misma respuesta frente al mismo estímulo. Así el fumador se sienta a leer el diario y automáticamente enciende un cigarrillo, toma un café y enciende un cigarrillo, termina de comer, se sienta a ver televisión, habla por teléfono y, casi siempre, automáticamente enciende un cigarrillo aún sin tener ganas de fumar. Cuando el sujeto deja de fumar el automatismo tiende a perpetuarse, y esto hace que en situaciones determinadas el sujeto tenga deseos de fumar.

 

Si esto ha sido comprendido, es dable pensar que la persona que está dejando de fumar deberá ser paciente consigo misma y cambiar una conducta por otra hasta incorporar esta nueva respuesta frente al estímulo que antes estaba asociado con el encender, aspirar y exhalar el humo del tabaco. Se comprenderá entonces por qué el sujeto no debe guardar ningún cigarrillo durante el día, puesto que, de ser así, nunca olvidará el automatismo de fumar.

 

El segundo componente es la dependencia física. Cuando un sujeto incorpora al organismo durante un tiempo una sustancia capaz de generar adicción como es el caso de la nicotina, termina por generar una dependencia física cuya principal característica es la necesidad de incorporar la droga al organismo en espacios de tiempo más o menos regulares. De hecho uno de los principales elementos que se tiene en cuenta para la evaluación de esta dependencia es el tiempo transcurrido entre el despertar y el encender el primer cigarrillo. Mientras menos tiempo, mayor dependencia física. Esto es debido a que la nicotina se metaboliza rápidamente en el organismo. Así después de dormir 8 horas, la concentración de nicotina es muy baja y el sujeto está en abstinencia.

 

La abstinencia conlleva una serie de síntomas que son característicos, como la necesidad imperiosa de fumar, irritabilidad, nerviosismo, sudoración, falta de concentración etc. Esto hace que el fumador adicto, antes de concientizar los síntomas de la abstinencia, encienda su primer cigarrillo a los pocos minutos de despertarse.

 

Cuando el fumador desea dejar de fumar es posible ayudarlo en esta tarea, sea con la misma droga a la cual es adicto, la nicotina, u otras drogas como el bupropión o la varenicliana o la combinación de ellas. La elección de uno u otro medicamento se realiza teniendo en cuenta el grado y tipo de dependencia de cada paciente en particular. Con el tratamiento se evita la necesidad de fumar pero no desaparecen las ganas. Entre necesidad y ganas existen algunas diferencias: ambas son sensaciones percibidas por el individuo pero la diferencia radica en que la no satisfacción de las mismas en el primer caso produce una desestabilización del individuo que hace perder tiempo buscando la droga; la necesidad aumenta de intensidad en la medida que pasa el tiempo.

 

Las ganas, por el contrario, no desestabilizan al individuo y tienden a minimizarse con el transcurso del tiempo. Las ganas están relacionadas con el placer, el cual integra un componente de la tercera dependencia, la psíquica. En la dependencia psíquica intervienen a su vez dos factores: el placer y la regulación del humor. El placer que percibe el fumador no es algo abstracto sino que tiene una base neurobiológica. La nicotina inhalada con el humo del tabaco se une a determinadas células del cerebro y, luego de ser activadas, estas producen liberación de determinadas sustancias o neurotrasmisores que interactúan a su vez en zonas específicas del cerebro relacionadas directamente con las sensaciones placenteras. Por otro lado el tabaco participa en la regulación del humor. Esto significa que cuando el fumador se encuentra nervioso, ansioso, irritable, el hecho de fumar produce una sedación, mientras que si el fumador está triste, decaído, fatigado, el fumar puede estimularlo. Esta doble acción del tabaco se explica por la concentración de nicotina en sangre y en cerebro.

 

En efecto, grandes cantidades de nicotina producen sedación mientras que pequeñas cantidades producen activación. Esto ha sido estudiado con relación a los cambios electrofisiológicos producidos por la nicotina en el sistema nervioso central. Los estudios han mostrado que según la dosis de nicotina esta es capaz de activar el hemisferio derecho o izquierdo de manera selectiva. Esto implica que el fumador puede de una manera inconsciente y automática regular su estado de ánimo haciendo grandes o pequeñas bocanadas de humo, inhalando más o menos seguido el humo, reteniendo más o menos tiempo el humo en los pulmones, etc. De lo antedicho se comprende la complejidad de esta dependencia y la importancia del abordaje terapéutico por personal entrenado.

 

El tratamiento tiene dos pilares fundamentales. Uno, el farmacológico, si el paciente así lo requiere, y otro, el sostén terapéutico del médico u otro agente de salud, como el personal de enfermería, el cual se ha transformado, en los últimos años, en un pilar esencial en el sostén y ayuda de los pacientes fumadores durante el proceso de cesación. Es importante subrayar que abordando el problema del tabaquismo de manera integral, es dable esperar que el 50% o más de los pacientes tratados conserven una abstinencia completa al cabo de un año de seguimiento.

 

 

*Dr. Fernando Bartolomé Verra.

• Doctor en Medicina, especialista en Clínica Médica.

• Asesor en áreas de tabaquismo Fundación Cáncer (FUCA).

• Responsable de Consultorios Especializados en el Tratamiento del Tabaquismo del Instituto Alexander Fleming FLENI.